Nothing good gets away *

Carta que le escribí a Bolivar Lucio, y que cuelgo aquí con el atrevimiento que da saber que las pocos curiosos que se pasan por aquí son muy discretos. 

No sé si vos recuerdas un cuento horroroso que escribí sobre un concierto de los blues brothers de la orquesta nacional de Foligno en Perugia. Era sobre una chica que desde la ventana y al ritmo de la música va construyendo una ciudad. La idea era mala desde los cimientos, para empezar una persona construyendo una ciudad o una ciudad construyéndose no es una historia, es una imagen. A veces somos tan giles y estamos tan preocupados por la imagen novedosa que no nos damos cuenta que la historia está pasando en nuestras propias narices. En mi defensa la historia no terminó hasta seis años después, o aun no termina, espero el final de aquí a unos meses, pero te escribo porqué intuyo que lo entenderás.

Hace unos meses leí una carta que le escribió Scott Fitzgerald himself a Frances Turnbull un escrito que igual vos sabes quien es (yo no tengo idea). Esta carta me impactó y me ha dejado pensando mucho en ella , igual lo que dice es obvio (de obviedad absoluta) pero a mi me vino como una Epifania, revelación, orgasmo cósmico, lo que sea que se diga ahora sobre estos momentos.

Te paso el link:  You´ve got to sell your heart

Básicamente Fitzgerald le dice a Frances que no está preparado para pagar el precio que tienen que pagar los escritores noveles para entrar en el mundo de la literatura. Los amateurs tienen como única arma sus emociones y deben recurrir a destriparlos en papel, es lo que queda y este texto me ha hecho una creyente: La literatura no aceptara menos que eso. Yo pensé que tenía esta valentía pero me parece que al final en las últimas correcciones de un texto, es cuando se me ve el plumero  y pierdo.

He estado preparando mi viaje a Japón,  yo nunca he sido una persona con intuición, es más ahora de migrante nunca he percibido ninguna enfermedad de mis padres, contratiempo o accidente antes o mientras sucedia,  ni las grandes noticias de las que me he tenido que enterar de la manera menos elegante debido a constante uso de Factbook de la gente para notificar cambios en sus vidas, sin embargo hubo durante dos meses indicios de que algo había pasado. Mi amigo Hiroshi, me dijo que pediría vacaciones para buscarme a Tokio y nos llevaría a Juli y a mi a las lejanas tierras de Hokkaido y también se planeada ir a la casa de sus padres en Kyoto me respondió apurado y emocionado de la misma manera que le escribí yo  que le tomaba la invitación y que iba verlo; esa misma tarde, Hiroshi llamó a Chihiro una amiga que tenemos en común en Tokio, y le dijo que iría y que nos íbamos a tomar los tres juntos un whisky. Le colgó y no volví a saber más de el. Durante semanas le escribí pensando que estaba en el norte de la isla haciendo queso, que era lo que hacia y amaba, una ves que contó que solía quedarse sin Internet por semanas. Luego empecé a sospechar que se había arrepentido de ir a Tokio y no sabía como decírmelo, pasé incluso a resentirme con el, pero sabiendo con seguridad que si Hiroshi me había dicho que estaría ahí, así sería. Así pasaron dos meses, hasta que un día le escribí un correo cabreada por su silencio y se me reboto, le mandé un mensaje via red social: nada. Todo me pareció muy extraño, me estaba montando una película,  busque su número de teléfono y lo llamé, aun no atino porqué pero estaba temblando cuando marqué el número; Primero no sabía si se iba a acordar el italiano, no sabía si iba a reconocer mi voz, si íbamos a poder reírnos con la misma naturalidad y confusión que antes. El tono pico un montón de veces hasta que salto un mensaje de grabadora con la voz de mi amigo,  yo no cache que era un mensaje hasta que en la mitad de la frase se descolgó y escuche “Moshi Moshi”. Pregunte “Hiroshi” “iee” (no en japonés) aunque eso recién lo entiendo ahora, le conteste pensando que era mi pana que no esperaba mi llamaba y que por eso no había cambiado el chip del cerebro de japonés a italiano “Hiroshi, japonés holgazán, cambia el chip. ¿Ya te has olvidado del italiano? ¿Dónde está esa cultura milenaria? ” Mi interlocutor perplejo y educado trataba de interrumpirme y me explicaba cosas en japonés, de manera que entendí que el no era Hiroshi así que le empecé a hablar en español pidiéndole que me pase a mi amigo, y luego recordé el poco japonés que aprendí y dije “dokedesuka Hiroshi? Watashiwa wakarimasen nihongo” (dónde está Hiroshi, yo no entiendo japonés… pero mal formulado) y me pregunto wakarimasen? Y yo que “si wa-ka-ri-ma-sen” y me pregunta “Hiroshi? Hiroshi Noguchi?¨ “sii” y me deja en espera cuando pensé que me lo iba a pasar me responde una persona que habla ingles y que me dice “I´m sorry but he died”

Desde esa llamada entiendo que ahora si soy adulta, la muerte de mi amigo me paralizó y me pareció un nuevo territorio. Anteriormente yo he conocido gente de mi edad que ha muerto, es más estos últimos tiempo he tenido que lamentar despedidas de otras personas; se ha ido gente joven que conocía y apreciaba o me caía bien, se murió Julián un chico que conocí hace unos años cuando vino a quedarse en mi piso por unos días y que era un adolescente sabio y apacible con el que era un placer conversar, un ser tan zen que pocas personas  hubiesen podido enfrentar la muerte tan pelado como el, tenía 23 años y me enteré meses después de casualidad y me dio pena porqué es una historia triste, devastadora pero también me sentí afortunada de haberlo conocido. ¿cachas? ¡Afortunada! es tan egoísta esa huevada.  También se murió el Alexei Paez que hubiese sido un buen pana pero es de esas cosas que perdí pero aun así me me enseñó un montón de cosas y del que me hubiese gustado poder despedir o acolitar antes de irse, una muerte que me vino por el periódico, yo que odio los putos periódicos del Ecuador.  Pero no me prepararon  con lo que sentí al escuchar esa frase que me retumba, medio robótica y triste “am-sori-his-ded”. Recuerdo que a vos si te ha pasado.

Hace unas semanas de esto, después supe que Hiroshi murió en un accidente de coche, cinco días después de nuestro ultimo correo, la idea se va posando en mi realidad: voy a tener que viajar por Japón como una guiri y ver como hago para entender en que parte de Kyoto está enterrado, me da mucha rabia no poder reencontrarme con mi querido amigo y que lo que me quede sea una escena un poco cursi de una despedida en un santuario abarrotado.

La historia que debí haber escrito fue la de la noche que Bruce Springsteen toco los seeger sessions en Umbria jazz de Perugia, del festival.  Hiroshi y yo habíamos gastado nuestros últimos 20 euros en un concierto el cual los críticos decían que era el mejor grupo de jazz del momento, habíamos ido al teatro Morlachi súper emocionados y nos habíamos sentado atrás de los músicos de Eric Clapton que estaban de espectadores juntos con los otros músicos pepa del festival, y ese fue el peor concierto de nuestras vidas. Hiroshi se durmió y salio cabreadísimo vociferando que el Jazz nos había abandonado. De este chasco nació la convicción de redimirnos, colándonos al concierto del Boss, Hiroshi había dicho solemne que el Boss no nos abandonaría jamás como lo hizo el resto de músicos idiotas preocupados por escribir un ensayo sobre la música postmoderna que termine pareciendo a que están afinando los instrumentos más que a un concierto. No pienso que hay una enseñanza en esto, años después pude ver a Bruce Springsteen en todo su esplendor en los míticos conciertos que da en Barcelona y fue bacansisimo, pero no fue lo mismo que la odisea que algún día contaré sobre colarme al concierto del Boss, de la cual solo puede adelantar que es una apología al fracaso de planes bien hechos jajaja.  Todo tiene otra gloria, tampoco es lo mismo darme cuenta de todas las referencias que me enseño mi amigo, todas las frases que repito y que aprendí con el, aunque no lo había visto en años, como no veo al resto de mis compadres-comadres que quiero y extraño y está bien que me acusen de ingrata pero es importante que sepan que están ahí: cuando hablo lucidamente, cuando escribo, cuando derrocho mi elegancia manaba.

*titulo robado de esta web

Barcelona, 28 de agosto del 2012

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